¿Quiénes son los demonios?

angeles-malosLos datos en el Antiguo Testamento son bastante claros. Los demonios son seres espirituales reales que se oponen a Dios y al hombre. En Génesis 3, un ser espiritual habló a través de la serpiente, provocando la caída de la raza humana en la culpa y degradación por el pecado. Satanás puede ser considerado un demonio toda vez que se le denomina “el príncipe de los demonio” (Mateo 12:24). Él parece haber instigado el primer homicidio (Génesis 4:1-6; Juan 8:44; 1 Juan 3:12). Según Génesis 6:1-8, parece que los demonios atacaron a la raza humana.

Satanás acusó a Job ante Dios y trajo sobre él, con el permiso y las limitaciones fijadas por Dios, gran destrucción y dolor (Job 1-2). Un demonio se ofreció como voluntario para ser un “espíritu de mentira” en Acab (1 Reyes 22:20-22). En los tiempos de Daniel había seres espirituales apoyando a los gobernantes del mundo y sobre sus territorios (Daniel 10.13 y 20).

Evidencias en el Nuevo Testamento:

Más de cien referencias a demonios salpican el Nuevo Testamento. Cuatro términos griegos se refieren sin duda a ellos. En algunas ediciones del Nuevo Testamento “daimon” se usa una vez (Mateo 8:31). “Daimonion” aparece sesenta y tres veces, y pneumata (espíritus) en cuarenta y tres ocasiones. El término genérico para ángeles, “angelos”, describe a los demonios en varios contextos (Mateo 25:41; Apocalipsis 12:7 y 9). Es un testimonio significativo ante la realidad de los demonios que cada escritor (aunque no cada libro) del Nuevo Testamento, excepto el autor de Hebreos, menciona a demonios o ángeles malos. Sin embargo, incluso Hebreos, no obstante, nombra directamente al diablo (Hebreos 2:14).

Evidencias en el testimonio de Jesucristo:

Jesucristo es el camino; la verdad, y la vida (Juan 14:6) y habla la verdad (Juan 8:45). Jesús aceptó el hecho de que Satanás era el jefe de un ejército de demonios (Mateo 12:22-26). Y los consideró como moralmente responsables, culpables y destinados al lago de fuego (Mateo 25:41).

El Señor Jesús hizo notar parcialmente su mesianismo en la milagrosa capacidad de echar fuera demonios de las personas endemoniadas: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mateo 12:28). Esto exige el mismo nivel de realidad para los demonios que su identidad como Mesías. Les dio a sus discípulos autoridad para echar fuera demonios (Mateo 10:1). Cuando sus discípulos le preguntaron por qué no pudieron echar fuera a un determinado demonio, Él les dijo: “Por vuestra poca fe” (Mateo 17:20). Nótese que no les corrigió su idea de que un demonio habitaba en el muchacho. Al contrario, añadió: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno” (Marcos 9:29).

Una gran parte del ministerio de Cristo tuvo que ver con la expulsión de demonios. Los evangelios registran diecisiete menciones de demonios relacionados con el ministerio de Cristo, y en nueve casos específicamente afirman que Jesús echó fuera los demonios.

Hechos 10.38 dice: “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”. La afirmación es clara e inequívoca. Es hecha por el apóstol Pedro mientras predica en Cesárea, y enfatiza que la capacidad para liberar a los hombres del poder del diablo era central en el ministerio de Cristo. Todos los primeros predicadores insistieron en esta función mientras difundían la Palabra de Dios, usándola como una poderosa evidencia para afirmar la autenticidad de Cristo como el mensajero de Dios. La declaración era literal y tenía una base amplia: en los evangelios los endemoniados son el más frecuente objetivo de los poderes sanadores de Jesucristo.

No hay ninguna evidencia de que los demonios son entidades temporales que dejaron de existir después del tiempo de Cristo y los apóstoles. Al contrario, el Nuevo Testamento da testimonio de su continua actividad en la época de la iglesia. Pablo y Juan advierten acerca de engaños futuros por parte de los demonios (l Timoteo 4.1 y 1 Juan 4:1-3). En el periodo de la Gran Tribulación, los demonios estarán extremadamente activos (Apocalipsis 9:3-11; 16:13-14). Ellos continúan su terrible trabajo y lo seguirán haciendo hasta que Jesucristo venga y los lance al abismo (Apocalipsis 20:1-3 e Isaías 24:21-23).

La evidencia que ofrece el Nuevo Testamento de la existencia de los demonios es abrumadora. No podemos pretender que creemos en la Biblia si negamos la realidad de los demonios, tanto en los tiempos de Jesús como ahora.

Su Origen:

Hay un problema respecto al origen exacto de los demonios, ya que la Biblia no lo establece con precisión. Podemos, sin embargo, decir algunas cosas con certeza. No son producto de una imaginación muy activa, ni son espíritus sin cuerpo ni pertenecen a una supuesta raza de hombres anteriores a Adán. Tampoco son la descendencia monstruosa de ángeles cohabitando con mujeres antes del diluvio (Génesis 6:1-4). No hay evidencia que respalde esas opiniones.

Hay buena evidencia, sin embargo, de que los demonios son ángeles caídos, leales a su líder y príncipe de los demonios: Satanás. En su rebelión original, este arrastró consigo a un gran número de ángeles menores, quizás una tercera parte de todos los creados (Ezequiel 28:18; Apocalipsis 12.4). Estos pueden clasificarse en confinados y libres. Estos últimos tendrían su morada en los lugares celestiales con acceso a la tierra y sus moradores (Efesios 6:12). Otros están confinados en uno de varios lugares. Algunos están en el abismo (Apocalipsis 9:1-11), al cual Cristo manda a muchos (Lucas 8:31). Este es el sitio donde será encerrado Satanás durante el reino futuro (Apocalipsis 20:1-3). Otros están atados a la tierra. Cuatro grandes ángeles, y quizás sus ejércitos, que destruirán a una tercera parte de la humanidad están confinados en el río Éufrates (Apocalipsis 9:14). Judas 1:6 describe un grupo particularmente malo de demonios como “guardados bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día”. Este es el mismo grupo que Pedro describe como en el infierno (2 Pedro 2:4).

Hay suficientes argumentos en cuanto a que los demonios son ángeles caídos. Primero, tienen una relación similar con Satanás como la de éste con sus ángeles. Las expresiones paralelas “el diablo y ·sus ángeles” (Mateo 25:41), “el dragón y sus ángeles” (Apocalipsis 12:7), Y “Beelzebú, príncipe de los demonios” (Mateo 12:24 y 26) lo respaldan.

Por otra parte, los demonios y los ángeles tienen esencia similar. A estos se les llama “espíritus” (Salmos 104:4; Hebreos 1:14), y así ocurre también con los demonios (Mateo 8:16; Lucas 10:17 y 20). Y los rangos de ángeles y demonios son similares, si no idénticos (Romanos 8:38-39; Efesios 6:10-12; Colosenses 1:16 y 2:15).

Las razones expuestas parecen ser más que suficientes para identificar a los demonios como ángeles caídos, subordinados a Satanás y ejecutores de sus planes. Si tal no es el caso, entonces tendríamos que aceptar que no tenemos evidencia bíblica para determinar el origen de los demonios.

Su Poder:

Los demonios tienen poderes de inteligencia y fuerza sobrenaturales. Satanás tiene una vasta inteligencia (Ezequiel 28:12). Los demonios son capaces de crear una red de información y llevar a cabo estrategias tanto en el ámbito local como mundial (Efesios 6.11-12 y 2 Corintios 2:11). Pueden ejercer control sobre los hombres y dominarlos. Un espíritu maligno hizo que un hombre, sobre quien siete judíos exorcistas incrédulos querían realizar actos mágicos usando el nombre de Jesús, saltara «sobre ellos, y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos» (Hechos 19:14-16). El endemoniado gadareno estaba controlado por varios miles de espíritus inmundos, «y nadie podía atarle, ni aun con cadenas» (Marcos 5:1-4). El poder de este «Legión» llamó poderosamente la atención de aquellos que vieron el efecto producido por los demonios cuando salieron del hombre y entraron a dos mil cerdos haciéndolos que se echaran desde lo alto del cerro al mar (Marcos 5.12-13).

Sus poderes son usados en una forma terriblemente perversa. Sus actos homicidas atormentan a los hombres hasta el punto de hacerlos preferir la muerte (Apocalipsis 9:1-11). Durante la tribulación, algunos demonios lanzarán fuego por sus bocas para matar a una tercera parte de la humanidad (Apocalipsis 9:13-19).

Los demonios pueden producir milagros engañosos. Como Satanás, pueden interferir con las leyes de la naturaleza para producir “señales y prodigios mentirosos (2 Tesalonicenses 2:9). Sin embargo, Dios limita su acción. Los magos de la corte de Faraón dieron la impresión de poder imitar algunos de los milagros que Dios hizo a través de Moisés, pero hubo unos que no pudieron duplicar (Éxodo 8:5-7 y 8:16-19). Además, todo lo que hicieron fue añadir desgracias a Egipto en lugar de alivio. La “magia” y los “milagros” modernos pueden no ser simples engaños humanos. Es probable que sean producto de engaños de demonios.

Así como los ángeles se desplazan velozmente en el espacio y no están limitados por cuerpos o barreras materiales, los demonios pueden usar su habilidad en este sentido para promover sus ardides. Sin embargo, son criaturas limitadas en tiempo, espacio, poder y conocimiento. Como parece que existen por millones’ sus poderes e inteligencia combinados pueden manifestarse en muchos lugares casi al mismo tiempo. Sus engaños y poderes pueden parecer muy eficientes y efectivos. Pero nos conforta el hecho de que nuestro Creador y Defensor limita soberanamente los daños que pueden ejecutar.

Su Actividad:

Su principal actividad es oponerse a Dios y oprimir a la humanidad. Los medios son el engaño y la degradación, y el objetivo es la destrucción. Los demonios odian a Dios y a los que fueron hechos a la imagen de Él. Por eso tratan de arrastrar a los más que puedan al lago de fuego; los privan de disfrutar de la verdadera vida y de la gracia de Dios. Ellos son antagónicos y malévolos.

A veces, los demonios afligen a los hombres usando la naturaleza (Job 1:12-19 y 2:7). Para degradar al hombre hecho a la imagen de Dios, los llevan a filosofías humanistas centradas en la criatura (Romanos 1:18-32; Efesios 2:1-3). Y esto conduce a la perversión y corrupción de los poderes dados por Dios en la religión, la sociedad y el sexo.

Apartan al hombre de la verdad. Evidentemente promueven lo malo, pero a veces para enceguecer la mente del hombre y alcanzar sus fines perversos promueven cosas que parecen buenas. Los demonios odian la gracia de Dios y la doctrina de la salvación por gracia mediante la fe únicamente en Cristo. Para conseguir sus propósitos, enceguecen las mentes de los hombres (2 Corintios 4:3-4). Promueven el legalismo (Gálatas 3:1-3 y 1 Timoteo 4:1-8) Y una vida libertina (l Juan 3:8 y Judas 1:4).

Algunas de sus actividades destructoras incluyen atacar los cuerpos de los hombres con mudez (Mateo 9:32-33), ceguera (Mateo 12:22), deformidades (Lucas 13:11-17) y convulsiones (Mateo 17:15-18). La Biblia no dice que todas las enfermedades son demoníacas, pero distingue claramente las que son naturales de las que son provocadas por demonios (Mateo 4:24 y Lucas 7:21). Pueden inducir al hombre a autoflagelarse (Marcos 5:5 y 9:22) y a destruir a otros (Apocalipsis 18:2 y 24). También pueden matarlo directamente (Apocalipsis 9:14-19).

Ciertos desórdenes mentales son provocados por los demonios. Algunas apariencias de locura .tales como el aislamiento, desnudarse en público, el mal genio, la suciedad y las convulsiones revelan a veces la presencia demoníaca (Lucas 8:27-29). Algunas manías suicidas tienen su origen en el espíritu traicionero de los demonios (Marcos 9:22): Tales perturbaciones mentales pueden ser de origen humano, pero Si adoptamos una verdadera visión bíblica del mundo no podemos excluir la presencia demoníaca. Pero no se equivoque en esto. El principal blanco de Satanás, es el cristiano. Él odia a los creyentes pues están a favor de su archienemigo: Jesucristo.

Las fuerzas malignas de Satanás son lanzadas contra el creyente para tratar de llevar a cabo sus planes (Efesios 6:10-12). Atacan su confianza en Dios y en su Palabra (Mateo 16:22-23; 1 Timoteo 4:1). Lo tientan para que peque (l Crónicas 21.1-8 y Apocalipsis 2:12-14). Promueven la inmoralidad (l Corintios 7:2 y 5). Les encanta destruir los matrimonios cristianos. Pueden provocar enfermedades físicas (Job 2:7-9; 2 Corintios 12:7).

Los demonios pueden dividir y destruir la unidad genuina en la iglesia, tanto local como universalmente. Usan divisiones doctrinales a través de falsos maestros o charlatanes (l Timoteo 4:1-3). Ponen en duda la deidad genuina, la humanidad genuina, o la historicidad misma de Jesucristo (l Juan 4:1-4; 2 Timoteo 3:5 y 2 Pedro 1:16). Usan divisiones a través de los celos, las ambiciones personales, la arrogancia y el culto a la personalidad (Santiago 3:14-16; 1 Corintios 3:1-4). Crean asperezas y falta de perdón (2 Corintios 2:5-11; Efesios 4:26-27). Una de sus delicias es falsear el ministerio cristiano. Obstruyen la comunicación e incitan la incomprensión (l Tesalonicenses 2:2-18). Pueden influir en los gobiernos locales y nacionales para que se opongan a la difusión de la verdad (2 Tesalonicenses 3:1-2). Incitan a la persecución y al encarcelamiento (Apocalipsis 2:8-10) e incluso al asesinato de los verdaderos creyentes (Apocalipsis 18:2 y 24).

Roger Garcia C.
Consejero Bíblico en Lucha Espiritual
www.ConsejeroBiblico.org

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